Originaria de Norteamérica y usada hace siglos con propiedades medicinales, la equinácea llegó a Europa a principios del siglo XX. Existen numerosas especies y variedades de esta planta, y varios estudios etnobotánicos han reportado, en términos generales, su actividad antiviral, anticancerosa y sus efectos inmunomoduladores.

Los beneficios de la equinácea sobre el sistema inmunológico están avalados y reconocidos por diferentes ensayos científicos realizados desde hace varios años. Junto a estas propiedades benefactoras, la planta también ha demostrado ser útil en casos de tendinitis y bursitis.