Los síntomas más claros de este tipo de infecciones son tos, estornudos, dolor de garganta, secreción y congestión nasal, dolor de cabeza, febrícula, malestar o mialgias. Aunque estas infecciones, cuando son leves, normalmente remiten tras una semana y no requieren de tratamiento farmacológico, sí que suponen una causa de ausencia laboral y escolar.

El aumento en la prevalencia de problemas relacionados con el sistema inmune, como resfriados, alergias o de enfermedades como la psoriasis, evidencia la necesidad de contar con unas buenas defensas que nos permitan afrontarlas. Además de consultar con un profesional de la salud cada caso concreto, el consumo de ciertos ingredientes pueden ayudarnos a mantener las defensas a sus niveles más altos. El propóleo, conocido por sus propiedades antivíricas y antiinflamatorias ya conocidas, es un buen ejemplo de ello.