Jueves, 25 Mayo 2017 10:07

Niveles adecuados de vitamina D y K mejoran la hipertensión

Un combinación deficiente de los niveles de vitamina D y K puede provocar un aumento de la tensión arterial y, con el tiempo, derivar en hipertensión. El riesgo desaparece cuando la presencia de ambas está dentro de las cantidades adecuadas.

Los datos del estudio Longitudinal Aging, realizado en Amsterdam, son concluyentes. En la investigación realizada con varios participantes se ha comprobado que cuando la presencia de vitamina K y D estaba por debajo de los niveles recomendados había un aumento de 4,8 mmHg y 3.1 mmHg en la tensión sistólica y diastólica respectivamente. También se confirma un incremento del 62% del riesgo potencial de sufrir hipertensión.

En cualquier caso, el estudio realizado por el EMGO Institute for Health and Care Research remarca que, para que esta situación pueda darse, es necesario que se den siempre unos niveles bajos, y a la vez, de ambas vitaminas. Si una es deficitaria, pero la otra se mantiene en unos niveles óptimos, la tensión arterial no tendría que verse alterada en individuos sanos. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores han hecho un seguimiento durante más de seis años a los participantes del estudio.

La vitamina D

La vitamina D pertenece al grupo de las liposolubles, es decir, se almacena en el tejido graso del cuerpo. Participa en la absorción del calcio que junto al fósforo son dos minerales fundamentales para el crecimiento y correcto estado de los huesos.

Una falta de vitamina D en los adultos puede derivar principalmente en osteoporosis, debilidad muscular, fracturas, enfermedades relacionadas con el sistema inmunológico, infecciones y complicaciones cardiovasculares. También hay evidencias científicas que demuestran que esta vitamina puede reducir la incidencia de determinados tipos de cáncer y la diabetes del tipo 1 y 2.

Se considera que hay un nivel adecuado de esta vitamina cuando se sitúa entre los 20 y 40 nanogramos/mL aproximadamente. Es un micronutriente que se encuentra básicamente en los aceites de pescado, en los pescados que tienen un alto contenido de grasa y, en menor cantidad, en el hígado de res, la yema de huevo, queso y determinadas variedades de hongos. De todas formas, también puede fabricarla el propio cuerpo cuando se expone al sol, de ahí que se conozca también como la “vitamina del sol”.

La vitamina K

Por su parte, la vitamina K se divide en tres grupos. La vitamina K1, llamada también filoquinona, se encuentra en los vegetales de abundante hoja verde como, por ejemplo, la lechuga, el brócoli o la espinaca; la vitamina K2 (menaquinona) se fabrica en el intestino a través de la flora bacteriana aunque también puede encontrarse en la carne animal y en alimentos fermentados como el queso. Por último,  la vitamina K3 o menadiona es una variante sintética de las anteriores y, principalmente, se suministra a los individuos que no metabolizan adecuadamente las vitaminas K naturales.

Mantener, por tanto, unos niveles adecuados de vitamina D y K previene de uno de los problemas de salud más habituales a nivel mundial. Según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud), más de uno de cada cinco adultos tiene la tensión arterial elevada, un trastorno que causa aproximadamente la mitad de todas las defunciones por accidente cerebrovascular o cardiopatía. Complicaciones derivadas de la hipertensión son la causa de 9,4 millones de defunciones cada año en el mundo.

Si habitualmente la alimentación no es variada en vegetales, frutas, carnes magras o pescados puede ocurrir que no se logren obtener los micronutrientes suficientes que el cuerpo necesita para estar en buenas condiciones. Los complementos alimenticios ayudan, en estos casos,  a obtener las sustancias vitales suficientes que el cuerpo necesita para funcionar.

Visto 6933 veces Modificado por última vez en Jueves, 03 Mayo 2018 11:21