Tanto en otoño como en invierno debemos tener bien preparadas nuestras defensas para combatir la temporada de resfriados, gripes y otros virus respiratorios. Entre otros, la alimentación juega un papel fundamental a la hora de garantizar el aporte al cuerpo de aquellos nutrientes que intervienen en el sistema inmune. Repasamos los más importantes a la hora de ayudarnos a fortalecer las defensas.

De los complementos alimenticios de vitamina D que conocemos, los más habituales corresponden a la vitamina D2 (ergocalciferol) y la vitamina D3 (colecalciferol). A pesar de que ambas puedan tener muchas similitudes, una nueva investigación ha encontrado diferencias importantes entre los dos tipos esta vitamina y, especialmente, a la hora de protegernos contra virus y bacterias.

Actualmente existe una gran variedad de plantas e ingredientes que contribuyen al normal funcionamiento de nuestro organismo. La ashwagandha (withania somnífera) es un arbusto de hoja que se usa como adaptógeno desde hace años dadas sus propiedades y cuya función inmunomoduladora ha sido analizada al detalle.

La fruta de la acerola, también conocida como la cereza de las Antillas, es una de las fuentes naturales más ricas de vitamina C (ácido ascórbico) y contiene una gran cantidad de fitonutrientes como carotenoides, fenólicos, antocianinas y flavonoides. Los múltiples beneficios de esta fruta han captado el interés de los consumidores y de la comunidad científica en los últimos años y ha sido ampliamente estudiados.

Con la llegada del frío, algunos nutrientes nos ayudan a fortalecer el sistema inmunológico, y el zinc es uno de ellos. Se trata de un micronutriente presente en todas las células del organismo que, además de ayudarnos a combatir las bacterias y los virus que invaden el organismo, interviene en la fabricación de proteínas y ADN y favorece la cicatrización de las heridas, entre otros.

La deficiencia de vitamina B6 es un elemento común en casos de desnutrición. Tal y como han analizado varias investigaciones, se trata de una vitamina que se ha relacionado con la regulación de las respuestas inmunitarias, incluida la inflamación.

La diabetes tipo 2 es una enfermedad que puede afectar, entre otros, al correcto funcionamiento del sistema inmune. Esto hace que las personas con resistencia a la insulina tengan más dificultades para iniciar una respuesta inmunitaria adecuada en comparación con las personas con niveles normales de glucosa en sangre.

El interés por la actividad biológica de la astaxantina ha aumentado en los últimos años, cuya función ha demostrado ser beneficiosa como antiinflamatoria y antioxidante de radicales libres, tan dañinos para nuestro cuerpo.

El hierro y la inmunidad están estrechamente relacionados. Tal y como han analizado varios estudios al respecto, las células de una parte del sistema inmunológico (monocitos, macrófagos, microglia y linfocitos) son capaces de combatir las agresiones bacterianas controlando los flujos de hierro de nuestro cuerpo (homeostasis).

El zinc ha estado en el punto de mira durante los últimos años gracias a una mayor consciencia sobre su función en el organismo. Hoy en día se ha convertido en un ingrediente clave en las formulaciones enfocadas a mejorar nuestra salud y en especial, la salud de nuestras defensas.



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