El hierro y la inmunidad están estrechamente relacionados. Tal y como han analizado varios estudios al respecto, las células de una parte del sistema inmunológico (monocitos, macrófagos, microglia y linfocitos) son capaces de combatir las agresiones bacterianas controlando los flujos de hierro de nuestro cuerpo (homeostasis).

Las vacunas han representado un gran avance para combatir enfermedades que causan gran mortalidad. No obstante, su eficacia puede verse afectada si la persona que la recibe no tiene unas condiciones óptimas de salud. Este es el caso de los grupos de población que presentan déficit de hierro.