El hierro y la inmunidad están estrechamente relacionados. Tal y como han analizado varios estudios al respecto, las células de una parte del sistema inmunológico (monocitos, macrófagos, microglia y linfocitos) son capaces de combatir las agresiones bacterianas controlando los flujos de hierro de nuestro cuerpo (homeostasis).

Originaria de Norteamérica y usada hace siglos con propiedades medicinales, la equinácea llegó a Europa a principios del siglo XX. Existen numerosas especies y variedades de esta planta, y varios estudios etnobotánicos han reportado, en términos generales, su actividad antiviral, anticancerosa y sus efectos inmunomoduladores.

Las hojas de olivo contienen, entre otras sustancias, oleuropeína y otros compuestos polifenólicos, considerados grandes antioxidantes y antiinflamatorios. Son beneficiosos para el sistema cardiovascular e inmunológico, y ayudan de reducir el estrés oxidativo -reduciendo también los radicales libres, tan dañinos para el organismo-, así como la presión arterial. Nuevas evidencias científicas demuestran también su efecto antibacteriano.