El hierro y la inmunidad están estrechamente relacionados. Tal y como han analizado varios estudios al respecto, las células de una parte del sistema inmunológico (monocitos, macrófagos, microglia y linfocitos) son capaces de combatir las agresiones bacterianas controlando los flujos de hierro de nuestro cuerpo (homeostasis).

Los síntomas más claros de este tipo de infecciones son tos, estornudos, dolor de garganta, secreción y congestión nasal, dolor de cabeza, febrícula, malestar o mialgias. Aunque estas infecciones, cuando son leves, normalmente remiten tras una semana y no requieren de tratamiento farmacológico, sí que suponen una causa de ausencia laboral y escolar.